Microcuentos
Olivia Irasusta
Santiago Castellano comision 05
Microcuentos
Individual
Primera escritura
El tren sin conductor:
No recuerdo haber subido. Solo sé que cuando abrí los ojos, ya estaba en uno de los asientos, el tren deslizándose en silencio sobre los rieles. Afuera, el paisaje se repetía: árboles que se curvaban como si quisieran mirarme, un cielo perpetuamente gris, casas idénticas y sin luces. Me puse de pie, caminé los vagones uno a uno, todos vacíos, nii un pasajero, ni un sonido que no fuera el zumbido rítmico del tren avanzando.Llegué a la cabina del conductor, cerrada. Empujé la puerta con fuerza, nadie. Solo una palanca moviéndose sola, como impulsada por la inercia del sueño. Me quedé ahí, de pie, sin saber si gritar o reír ¿era esto un castigo, un limbo o un viaje eterno? me volví a sentar. Por primera vez, el miedo no me alcanzó. Apoyé la frente contra el vidrio. Tal vez hay viajes que no necesitan explicación, solo hay que seguir mirando por la ventana.
El vagón sin ventanas:
Siempre me sentaba junto a la ventana, era lo único que me mantenía conectado con el mundo exterior mientras viajaba, pero hoy, al subir al tren, me di cuenta de que no había vidrio, no roto ni cubierto, simplemente no estaba, solo había una pared lisa, como si nunca hubiera existido, me recorrí el vagón buscando alguna rendija, un reflejo, algo que me dijera que el mundo seguía ahí, pero no había nada, todo cerrado, todo silencio, no sé si el tren sigue avanzando o si estoy quieto en un decorado, sin ventana, el viaje dejó de ser trayecto, ahora es encierro.
La biblioteca sin títulos:
Empujé la puerta de madera sin saber por qué, adentro, estanterías interminables trepaban hasta un techo que no se veía, los libros estaban ordenados con precisión quirúrgica, pero no tenían títulos, ni autores, ni palabras en las tapas, tomé uno al azar y lo abrí, las páginas estaban escritas con mi letra, era una carta que no recordaba haber escrito, probé con otro y leí una escena de mi infancia que nunca conté a nadie, no entendía nada, pero no sentí miedo, solo una calma rara, como si ese lugar supiera más de mí que yo mismo y estuviera esperándome desde siempre.
Comentarios
Publicar un comentario